AMLO and Biden agree to “fight inflation” jointly

#LaEstampa | the distant visit


Los simpatizantes del presidente López Obrador han celebrado la visita a Washington de esta semana como si se tratara de un triunfo inequívoco. Se entiende que así sea si lo que importa es la agenda personal del presidente de México y no los intereses del país.

Desde hace tiempo, en función del gobierno estadounidense de Joe Biden, López Obrador ha decidido que aprovechará cada oportunidad para la irritación y el desplante. No hay otra manera de explicar la decisión de boicotear la Cumbre de las Américas, que era importante para el presidente de Estados Unidos, o dedicar un sermón infinito dentro de la Casa Blanca, que incluyó elogios a China y críticas a la política interna estadounidense. Habrá quien diga que este tipo de desafío es una muestra de dignidad. Me parece un error. La diplomacia mexicana no está para saciar los agravios de quien la ejerce. Está para defender los intereses de los mexicanos. Y la pregunta central en función de la relación con Estados Unidos todos estos años (Trump, Biden) es si México está aprovechando como debería un contexto que, en muchos sentidos, no podría ser más propicio para el crecimiento de la relación. Solo la distancia estadounidense de China debería representar una ventana de oportunidad suficiente para impulsar el crecimiento mexicano. Pero para eso se necesita asumir la relación bilateral como una sociedad de verdad. Esto no quiere decir supeditarse a la voluntad estadounidense. Eso es otra cosa. Pero sí quiere decir acercarse a la relación desde una disposición productiva, no confrontacional.

Quien diga que en Washington no se lee al gobierno de México como un socio incómodo y a veces hostil no conoce Washington. La Casa Blanca ha decidido tratar con pinzas al presidente de México porque lo necesita para su agenda migratoria. Pero en el Congreso, que en Estados Unidos tiene un peso y una relevancia quizá superiores al poder Ejecutivo, abundan las voces de ambos partidos que no se andan por la ramas y ya han identificado al gobierno mexicano como un socio con el que hay que marcar distancias. Esa distancia entre vecinos podrá rendirle frutos al presidente mexicano entre sus simpatizantes en el país y en lugares como Caracas o La Habana, pero ciertamente no construye una sociedad más productiva con Estados Unidos. Y eso es una pena. ___________________ Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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