Crisis of the tricolor: from discipline and resignation, to grasping the position

Crisis of the tricolor: from discipline and resignation, to grasping the position


María de los Ángeles Moreno, Mariano Palacios, Manlio Fabio Beltrones y René Juárez son cuatro ejemplos de que, en aras de la sobrevivencia del partido, los líderes del Revolucionario Institucional (PRI) han optado por la dimisión para abrir paso a la “reflexión interna” ante debacles electorales. Sin embargo, con el actual líder del tricolor, Alejandro Moreno Cárdenas, esa “tradición” de la disciplina tricolor quedó en desuso.

Ante todo, sobrevivir

Sometido a un desgaste por denuncias de corrupción en su contra y la exhibición de conversaciones privadas, el dirigente Alejandro Moreno ha afirmado que nunca le ha pasado por la mente dejar la presidencia del PRI, la cual, presume, la ganó en las urnas en un proceso interno. La postura de Moreno no coincide con las acciones de otros dirigentes que van desde la decisión de quedarse, pese a la ruina electoral, o la dimisión con mensajes como: “tuvimos un tropiezo electoral, pero no una derrota política” de Manlio Fabio Beltrones, hasta: se requiere “entender la lección de la elección”, de René Juárez Cisneros. En la historia del tricolor, de 93 años, el partido acumula 51 presidentes de Comité Ejecutivo Nacional (CEN) –incluyendo la etapa como PNR. La mayor parte de esos dirigentes fue impuesta por el presidente de la República en turno, pues era considerado el “primer priísta del país” en tiempos en que era el partido dominante, pero sus salidas del cargo se han debido a diversas causas, no siempre al mandato presidencial. Por ejemplo, Luis Donaldo Colosio, quien dirigió al PRI hasta el 13 de marzo de 1992, se fue para integrarse al gabinete del entonces presidente Carlos Salinas, como secretario de Desarrollo Urbano y Ecología. Pero Genaro Borrego, líder priísta hasta el 30 de marzo de 1993, salió obligado por el escándalo del “pase de charola” entre empresarios que buscó recaudar 75,000,000 de pesos para las campañas presidenciales de 1994. O bien Fernando Ortiz Arana, quien renunció a la dirigencia tricolor el 13 de mayo de 1994 para contender por el gobierno de Querétaro. Las renuncias más mediáticas han sido las orilladas por la derrota electoral. Pero no todas las debacles han conducido a la dimisión. Hasta ahora, el PRI ha sido derrotado en forma importante en tres procesos presidenciales: 2000, 2006 y 2018 y la forma de recomponerse fue la salida inmediata de sus dirigentes pero sólo en los dos últimos procesos. Además, ha habido salidas por crisis internas en 1995, la de María de los Ángeles Moreno –quien sufrió el impacto de que el PRI perdiera la mayoría en el Congreso- 2007, y en 2016, en que salió Manlio Fabio Beltrones tras ser derrotado en 7 estados. En el caso de la primera derrota presidencial, la de 2000, fue por sobrevivencia que el PRI decidió mantener a su presidenta, Dulce María Sauri, bajo cuyo liderazgo el tricolor sucumbió ante Vicente Fox, candidato de la Alianza por el Cambio, integrada por Acción Nacional (PAN) y Partido Verde (PVEM); en ese año el tricolor perdió además las gubernaturas de Chiapas y Morelos. Tras largos debates internos entre la conveniencia de la salida de la presidenta o evitar riesgos de más fisuras, al final, en febrero de 2001 el Consejo Político Nacional (CPN) ratificó a Sauri Riancho, quien había heredado de José Antonio González Fernández la dirigencia. Unos meses más adelante el PRI perdió Yucatán, el estado natal de la dirigente y de la que fue gobernadora de 1991 a 1994.

AMLO, la puntilla del PRI

La segunda derrota presidencial que sufrió el PRI fue en 2006 y le tocó a Mariano Palacios Alcocer. Pero cuando éste llegó al liderazgo, el 31 de agosto de 2005, ya el tricolor estaba sumido en el conflicto interno, pues el dirigente anterior, Roberto Madrazo Pintado, disputó –y logró– la candidatura presidencial contra buena parte de la clase política del tricolor que reclamó que se haya impuesto desde la dirigencia. Así, Palacios fue ratificado en Sesión Extraordinaria del CPN y como líder interino a punto de iniciar las campañas presidenciales, el 24 de febrero de 2006, sólo para ver cómo el PRI cayó al tercer lugar con sólo 22.2% de votos, unos meses después. La derrota sumió al PRI en nuevas disputas entre las corrientes, pero Palacios decidió dejar a su partido en medio de ellas. En la 36ª reunión plenaria del CPN reveló su dimisión. Crónicas periodísticas señalaron entonces que hubo sorpresa y hasta peticiones “no te vayas, Mariano”. Pero no cambió de opinión. Debemos, dijo, “en congruencia con los principios democráticos que hemos postulado, propiciar para que se abra un espacio para que el Consejo Político elija una nueva fórmula” y así anunció su salida el 3 de marzo de 2007 y la hizo efectiva en abril. La tercera derrota presidencial fue la de 2018 a manos del hoy jefe del Ejecutivo Federal, Andrés Manuel López Obrador, postulado por la Coalición Juntos haremos Historia que integraron Morena, Partido del Trabajo (PT) y Encuentro Social (PES) -hoy extinto-. Esa debacle electoral sí llevó a la salida inmediata del entonces presidente del PRI, René Juárez Cisneros, quien asumió su corresponsabilidad pese a que apenas había tomado las riendas del tricolor de forma interina el 2 de mayo de 2018, 59 días antes de los comicios y tal como se lo dejó Enrique Ochoa Reza. “Para regresar al poder debemos reflexionar sobre la derrota”, dijo René Juárez en su discurso de dimisión, el 16 de julio del mismo año, al renunciar a la presidencia, cuando por Estatuto quedó al frente de su partido la secretaria general, Claudia Ruiz Massieu.

Se va, pero deja al PRI a medias

Es desde esas elecciones de 2018 que el PRI arrastra la pérdida de sus principales bastiones y no ha visto la luz. Además de la Presidencia, perdió la mayoría que tenía en la Cámara de Diputados y el Senado en alianza con el Partido Verde (PVEM) y fue derrotado en los estados de Tabasco, Puebla, Veracruz, Chiapas. Ese año apenas alcanzó 63 diputados y 20 senadores. El exgobernador de Guerrero pidió “entender la lección de la elección para discutir lo que tenemos que cambiar y lo que tenemos que preservar”. Flanqueado por Ruiz Massieu y Rubén Moreira –hoy diputado– propuso integrar una Comisión Nacional Consultiva para la transformación del PRI, pero atajó: “no admito ni acepto que en cada crisis debamos aplicar el borrón y cuenta nueva… no es tiempo de repartir culpas ni tampoco de individualizar responsabilidades, asumamos la parte de responsabilidad que nos corresponde”. Sin embargo, el caso más equiparable al de Alejandro Moreno Cárdenas no por la dimensión de la derrota, pues fue “solamente” en siete entidades en las elecciones de 2016, sino porque, como “Alito” llegó a la dirigencia tras un proceso interno de elección entre militantes, es el de Manlio Fabio Beltrones. Cuando llegó, el 20 de agosto de 2015, el PRI que entonces dirigía el exgobernador mexiquense César Camacho Quiroz aún gobernaba 19 entidades, pero en 2016 perdió siete, cuatro de ellas gobernadas de forma ininterrumpida por el tricolor: Durango, Quintana Roo, Veracruz y Tamaulipas. Aunque no le tocó enfrentar ninguna elección presidencial –otra similitud con “Alito”-, las derrotas locales le llevaron a renunciar el 20 de junio de 2016, días después de las elecciones locales, caso diferente al del actuar líder tricolor Y fue de los pocos líderes del PRI que han rendido públicamente un informe electoral a su salida. En su mensaje planteó “en 7 estados tuvimos un tropiezo electoral pero no una derrota política… los resultados electorales no pueden ni deben intentar explicarse de manera simplista o ligera, hay que profundizar en el análisis multifactorial… los electores dieron un mensaje a políticas publicas equivocadas o a políticos que incurrieron en excesos” dijo en el recuento de fallos. “Toca hoy hacer una pausa necesaria. Hoy presento mi renuncia ante la Comisión Política Permanente para permitir que una nueva dirección encabece las transformaciones…esta es mi contribución al debate, es una decisión responsable para abrir el espacio al debate interno”, expuso. En su balance, desglosó resultados que hoy serían envidiables para el PRI actual, pues perdió 7 gubernaturas, pero el PRI retenía –esa fecha- 15 entidades que concentraban al 45% de la población nacional. “Ganamos con nuestros aliados, 262 ayuntamientos, es decir el 48% de los 541 que se eligieron, contra 190 que suman nuestros principales competidores, el PAN y el PRD” refirió.

Renuncias por crisis

Otra salida que se debió más a una crisis interna que a malos resultados electorales, fue la de la priísta María de los Ángeles Moreno, quien asumió el cargo el 3 de diciembre de 1994, de manos de Ignacio Pichardo. Es decir, llegó a la dirigencia casi seis meses después que el PRI hegemónico perdiera por vez primera la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados en elección federal en la que ganó el tricolor con Ernesto Zedillo, pero fue corresponsable pues era la secretaria general de tricolor. Pero Zedillo asumió cierta distancia –al menos públicamente- del PRI y en este comenzó a permear el rechazo al expresidente Carlos Salinas y su liberalismo social. Así, en el PRI se creó una comisión de análisis para definir el rumbo del tricolor. Se integraron diputados como Héctor Hugo Olivares Ventura –quien los encabezó- Nezahualcóyotl de la Vega, Víctor Hugo Islas, Luis Priego y Samuel Palma. Pero en una visita a Estados Unidos en 1995 Moreno Uriegas ensalzó a Salinas, lo que generó rechazo interno de gobernadores, legisladores y dirigentes, a lo que se sumó el desgaste del año previo. En 1994, el exsubprocurador Mario Ruiz Massieu acusó a dirigentes del PRI –Ignacio Pichardo, presidente del CEN, y Moreno Uriegas, secretaria general- de encubrir a los asesinos José Francisco Ruiz Massieu, su hermano y secretario general del PRI que fue asesinado en septiembre de 1994. Todo en conjunto hizo a la primera mujer priísta en encabezar a ese partido renunciar el 19 de agosto de 1995, en lo que fue una de las muchas crisis que ha enfrentado el tricolor. En la actualidad, el dirigente Alejandro Moreno se ha brincado todas las tradiciones y disciplinas del tricolor y aunque un grupo de exdirigentes del partido le solicitaron reunirse con él tras los resultados electorales de este 2022, sólo los recibió en la primera cita y después canceló un segundo encuentro. La expresión más reciente de su “aferramiento” se dio a conocer este martes 12: como parte de una serie de audios publicados en redes sociales, la gobernadora de Campeche, Layda Sansores, transmitió una grabación en el que se escucha al dirigente asegurar que permanecerá en el puesto hasta el 2024 y que él va a palomear las listas para ese proceso porque “le toca”.

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