La crisis política generada en Venezuela por la detención del presidente Nicolás Maduro por parte de las fuerzas especiales de los Estados Unidos, en una acción sin precedentes en Sudamérica, acarrea consecuencias por ahora imprevisibles que afectan a todos los sectores de la sociedad, incluido el mundo del deporte.
[–>[–>[–>De momento, la Liga Venezolana de Béisbol Profesional (LVBP), el deporte más popular del país, reanudará su actividad este miércoles, después del parón del fin de semana. En un comunicado, ha garantizado que reestructurará el calendario con “el objetivo de garantizar el desarrollo de la competición”.
[–> [–>[–>Por su parte, al fútbol le ha sorprendido la crisis en periodo vacacional, con los clubes iniciando los trabajos de pretemporada. Aún no han comenzado las competiciones oficiales de la temporada 2026. La Liga FUTVE, es decir, la Primera División profesional organizada por la Federación Venezolana de Fútbol, tiene programada su primera jornada para el 30 de enero.
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En todo el continente ha surgido una pregunta al unísono: qué ocurrirá con los partidos de la Copa Libertadores 2026 y la Copa Sudamericana 2026 en los que haya un equipo venezolano como local. De momento, la Conmebol se mantiene prudentemente en silencio y no se ha pronunciado ni oficial ni oficiosamente al respecto.
[–>[–>[–>[–>[–>[–>Es muy improbable que la Confederación Sudamericana decida excluir a los clubes venezolanos de sus competiciones, tanto de clubes como de selecciones. Durante los últimos años, con Nicolás Maduro en la presidencia, se han seguido disputando partidos y torneos internacionales en el país bolivariano, a pesar de la inestabilidad y, en ocasiones, de la falta de garantías de seguridad.
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En 2025, por ejemplo, Venezuela acogió la disputa del Sudamericano Sub-20, entre enero y febrero, y un año antes, en 2024, el país fue sede del Torneo Preolímpico Sudamericano Sub-23, que definió los cuatro clasificados para los Juegos de París.
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[–>Ahora bien, una de las vías que se plantea es que, tras la detención de Maduro y su traslado forzoso a Estados Unidos, no se disputen partidos de competiciones continentales en territorio venezolano, por razones de seguridad, ante la posibilidad de nuevas acciones militares estadounidenses ordenadas por Donald Trump.
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Esta medida, de concretarse, no sería inédita. Existen precedentes. Sin ir más lejos, la final de la Copa Libertadores 2019, la primera disputada a partido único, cambió de sede a última hora por la crisis política y las manifestaciones en Santiago, la capital de Chile. El encuentro se trasladó a Lima (Perú), cuando aficionados de Flamengo y River Plate ya tenían vuelos y alojamientos reservados.
[–>[–>[–>En 2021, la Conmebol trasladó varios encuentros de la Copa Libertadores de equipos colombianos a sedes neutrales fuera del país, a causa de la inestabilidad y la convulsión social generadas por la reforma tributaria que quería implementar el gobierno, entonces presidido por Iván Duque, en plena pandemia. Independiente Santa Fe, La Equidad y Atlético Nacional tuvieron que ejercer la localía en Paraguay.
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Ahora, la primera decisión que deberá tomar la Conmebol en 2026 es dónde se disputará el partido de vuelta de la primera fase de la Libertadores entre el Deportivo Táchira y The Strongest (Bolivia), programado para el martes 10 de febrero en el Estadio Polideportivo de Pueblo Nuevo, en la ciudad de San Cristóbal.
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Una semana después, un segundo equipo venezolano, Carabobo FC, entrará en acción en la segunda fase de la competición, cuando reciba en el Estadio Polideportivo Misael Delgado, en la ciudad de Valencia, al Huachipato de Chile.
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