A Lucas Paquetá lo recibieron en el Flamengo como si fuera el regreso del hijo pródigo. La euforia se disparó. Es la guinda de un equipo que, en 2025, fue casi imbatible en Sudamérica, como escenificó con su doblete, Copa Libertadores y Brasileirao, que lo volvió a colocar en la cima.
[–>[–>[–>La contratación por 42 millones de euros por la recompra de un canterano fue interpretada por toda la nação rubronegra no como un dispendio o una extravagancia, sino como la escenificación del nuevo orden normal de un club que abraza un discurso triunfalista, con un cierto punto de prepotencia, porque puede entablar pulsos con clubes europeos y ganarlos en la contratación de futbolistas.
[–> [–>[–>El regreso de Lucas Paquetá a Río de Janeiro representa la mayor contratación que nunca se ha hecho en Sudamérica. El mercado brasileño en un solo año ha batido su propio récord en tres ocasiones: con Vitor Roque, con el Palmeiras desembolsando 25,5 millones de euros al Barça a finales de febrero de 2025; en esta ventana con Gerson, que el Cruzeiro repatrió del Zenit por 27 millones; y, ahora, con Paquetá.
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Con prisas, el Flamengo lo alineó a las primeras de cambio. Fue el domingo pasado en la Supercopa do Brasil, una final a partido único, en Brasilia, contra el Corinthians de Memphis Depay. El partido se le complicó mucho al equipo de Filipe Luis, que jugó de forma burocrática y con algo de soberbia, y arrancó el segundo tiempo perdiendo 0-1 y con un futbolista menos por la roja directa al colombiano Carrascal por una agresión.
[–>[–>[–>Paquetá entró en la última media hora. Y su actuación quedará en el recuerdo para siempre porque tuvo en sus botas el tanto del empate en el añadido. Controló con la rodilla izquierda y remató a bocajarro con la zurda, enviando el balón a las nubes, por detrás de la portería donde se ubicaba la fanática torcida del Corinthians. El fallo fue clamoroso.
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En un final de locos, el Timao remató la faena con un gol de contragolpe de Yuri Alberto. 0-2. Y, a las primeras de cambio, se esfumó la posibilidad del Flamengo de optar a todos los títulos de 2026. Paquetá salió señalado del Estadio Nacional Mané Garrincha.
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[–>El miércoles llegó su reestreno en Maracaná ante el Internacional, en partido de la segunda jornada del Brasileirao. Y el Flamengo pinchó. Salvó los muebles (1-1) en un encuentro en el que fue a remolque también durante toda la segunda mitad tras el golazo del colombiano Borré en el tiempo añadido de la primera parte.
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El empate es un mazazo para el Mengao, que acumula diez días negros en los que ha perdido tres partidos seguidos (el Fla-Flu del Campeonato Carioca en Maracaná, el estreno en el Brasileirao ante el São Paulo y la Supercopa do Brasil) y solo ha sumado un empate en casa.
[–>[–>[–>Paquetá, que fue titular por primera vez, estuvo 64 minutos sobre el césped y, individualmente, fue uno de los peores de su equipo. Jugó como falso extremo derecho, desdibujando el centro del campo. El debate sobre su rendimiento ya está servido.
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Filipe Luis lo defendió públicamente en rueda de prensa: “Lo más importante es que se trata de un futbolista muy determinante. Incluso no estando en su mejor forma física es un jugador que marca las diferencias”, dijo el técnico.
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El club, que fue el primero en alimentar la euforia, ahora pide paciencia para que Paquetá se encaje en el sistema de juego y pueda adquirir automatismos con sus nuevos compañeros, al mismo tiempo que frena la ansiedad que empieza a rodear al futbolista.
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Los resultados negativos no solo salpican a Paquetá, sino al propio Filipe Luis, a quien el club ha tenido que respaldar por esta oleada de decepciones en el primer mes de competición de la temporada. Mala señal.
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